¿Le molesta que fume?
Pragmática
Suelen decir los diccionarios que «sí» expresa afirmación, y «no» se usa para negar. Y se puede reprochar a los diccionarios que el uso puede ser exactamente el contrario:
-¿Me prestas mil euros?
-Sí, ¡y un jamón!
Pragmática
-Tú no entiendes de esto.
-¡No, que va!
No sería justo omitir que también los diccionarios definen «ironía». Pero se puede reprochar a los diccionarios que el uso contrario también puede no ser irónico:
-¿Te importa que fume?
-Sí.
O bien:
-No.
¿Interpretamos el «sí» como «sí, fuma» o como «sí, me importa»? ¿Interpretamos el «no» como «no fumes» o como «no me importa»? Parece que la respuesta seca y cortante implica en cualquier caso una negativa a la posibilidad de fumar.
Pero incluso una autorización explícita puede no ser muy convincente, con independencia del adverbio que la construya:
-Sí, fuma.
O bien:
-No, fuma.
Está claro que ambas implican autorización: el «sí» quiere decir que sí puedes fumar; y el «no», que no me importa; pero el sentido afirmativo se deduce del verbo, «fuma», con independencia de que el adverbio sea «sí» o «no». Sin embargo, las dos respuestas implican escaso entusiasmo, y el fumador prudente hará bien en abstenerse de fumar y mascullar alguna excusa:
-Bueno, no me apetece mucho…
¿Qué hay que hacer para conceder una autorización sin reservas? Pues simplemente, repetir el adverbio. ¿Qué adverbio? Pues da igual; y ahí es donde fallan los diccionarios:
-Si, sí, fuma.
-No, no, fuma.
Y el sagaz fumador sacará su paquete y sus cerillas…, porque habrá interpretado una u otra respuesta como favorable a sus deseos, es decir, como desfavorable para sus pulmones.
Pragmática, pura pragmática…
Pragmática, pura pragmática…
Pragmática



Septiembre 8th, 2008 at 14:47
Pues yo creo que si el oyente aplica los principios conversacionales, la respuesta Sí no ofrece duda alguna: responder “sí” a secas (respuesta poco probable en un hablante hispano que no sufra los síndromes del monosilabismo o el pocopalabrismo), sería como decir me importa, es decir, me molesta, o sea, que mejor que no fumes; y lo mismo se aplicaría, mutatis mutandi (en cursiva) a la respuesta No. No me parece un caso paradigmático de ambigüedad en la interpretación de la respuesta.
Septiembre 9th, 2008 at 13:45
Estimada Caroleta: Gracias por tu interés en mi modesto mensaje, que no merecía tanto comentario. Lo que quiero aclarar es que yo no pretendía dar un ejemplo de ambigüedad en la respuesta, sino un ejemplo de la diferencia entre el uso real de la Lengua y las definiciones de los diccionarios; en este caso, de cómo el carácter afirmativo o negativo de una respuesta puede depender más de que el adverbio sea único o repetido, que del adverbio mismo.
Pedro.
Septiembre 9th, 2008 at 21:37
A propósito de los sies y los noes, inserto a continuación la contestación de Fernández Miranda en las Cortes franquistas a una pregunta sobre la ley de asociación política, que he tomado de una revistilla editada por El Mundo:
FERNÁNDEZ MIRANDA Y LA «TRAMPA SADUCEA»
En 1972, preguntado Fernández Miranda en las Cortes por su opinión sobre la Ley de Asociaciones, el entonces secretario general del Movimiento evita responder dando buena muestra de su locuacidad e inteligencia. Estas fueron sus palabras: «Quizá tendría yo un éxito rotundo y fácil si aceptara la tentación de contestar sí o no. Se me dice a veces que contestar sí o no es contestar como Cristo nos enseña, pero esta fórmula no se halla en los Evangelios. Se nos dice: la contestación es sí cuando es sí y no cuando es no; pero la contestación no puede ser tan simplemente sí o no cuando la simplicidad la destruye; vemos cómo en la propia actuación del maestro se elude con harta frecuencia esa sencilla contestación de sí o no. En política, como en toda actividad humana, los noes no tienen sentido más que cuando enmarcan, confirman y aclaran una afirmación de la cual se parte. Decir no a algo —por ejemplo, a las asociaciones políticas— sólo estaría justificado como consecuencia de un sí, previo al cual, naturalmente, se adhiere el ánimo del que después dice no, porque con ese no no hace más que definir y delimitar el sí que afirma. Jamás mi actitud será negativa. Si algo niego, lo hago porque lo que afirmo previamente me lleva a las negaciones circunstanciales que configuran y definen la afirmación que mantengo. Decir por tanto, sí o no a las asociaciones políticas es, sencillamente, una trampa, una trampa saducea. Los saduceos preguntaban así, montando una alternativa respecto de la cual, si se aceptaba uno de los términos, malo, y si se aceptaba el otro, peor. (…) Pues bien, ruego a los señores procuradores que tengan paciencia, pues no caeré en la trampa de decir sí o no al asociacionismo político, porque de este modo no se esclarecería el tema».
TOMADO DEL Diario de Sesiones, 6 de noviembre de 1972.
Saludos,
Mai.
Septiembre 10th, 2008 at 13:51
Maimónides, ¡vaya lección de autoritarismo! Me pasa a mí con mis hijos y las golosinas. Ya ni piden permiso para tomarlas porque saben que en mi mundo no puedo decirles que sí o que no. Las golosinas sencillamente no existen.