Enpunto

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Archive for the ‘Sobran palabras’ Category

Menos es más

Viernes, Noviembre 21st, 2008

Menos es más en cuanto a texto en la web se refiere. Los usuarios no leen los textos, los escanean. ¿Por qué no simplificarlos para que los usuarios no se pierdan lo más importante? Aquí os presento un ejemplo de página web antes y después de En punto.

Antes y después de En punto

Antes y después de En punto

¿Aceptable?

Lunes, Septiembre 22nd, 2008

Últimamente oígo a mi alrededor una palabra que no me cuadra. En una cena con amigos la repetían sin cesar y, como lingüista, no pude evitar intervenir. Decían algo así como “ese asunto no es opinable” y luego explicaban por qué. Me limité a puntualizar que el adjetivo opinable no era ‘viable desde el punto de vista lingüístico’. Creo que no me entendieron. Intenté poner ejemplos, compararlo con otros casos, como aceptable, temible, loable y hasta el gaditano hartible (con hache aspirada). No sirvieron de mucho. El caso es que poco después abro un periódico, empiezo a leer y me encuentro con el mismo adjetivo utilizado en repetidas ocasiones en el curso de un artículo. La explicación es muy sencilla. Los adjetivos acabados en -able e -ible se derivan de verbos, pero estos verbos tienen que ser transitivos. La derivación es la siguiente: Puedo aceptar tu argumento -> tu argumento me resulta aceptable. Este aparato se puede reciclar -> el aparato es reciclable. Argumento y aparato son el objeto directo de los respectivos verbos transitivos aceptar y reciclar. Pero con el verbo opinar  las cosas son un poco distintas. Me diréis, es un verbo transitivo. Sí, es cierto, yo puedo opinar esto y lo otro. Pero si quiero indicar el tema al que se refire mi opinión, tengo que usar una preposición, y doy mi opinión sobre algo u opino sobre algo. Puedo opinar sobre un tema, pero de esa construcción no puedo derivar “el tema es opinable“, porque me faltaría la preposición que acompaña al verbo. En fin, para mí no es aceptable. ¿Y para vosotros?

¿Qué es lo que …?

Lunes, Abril 14th, 2008

Decía mi profesora de Latín que las lenguas evolucionan víctimas de la pereza del hablante. La ley del

mínimo esfuerzo lo llamaba. Pero el hablante de castellano ha descubierto una manera de

ser aplicado y no perezoso. En Google he encontrado hoy 360.000 páginas con la cadena “qué es lo que”.

360.000 por 4 palabras es igual a 1.440.000 ¡Casi un millón y medio!. Escribir “que es lo que”, así sin acento ni signo de interrogación cuesta 13 pulsaciones, para los más aplicados 15 pulsaciones por la mayúscula y el acento. Se puede concluir que el hablante de castellano (o debería decir escribiente) no es perezoso en absoluto. Cinco pulsaciones hubieran bastado para escribir una sola palabra bien corta: Qué

Al hablar es más fácil que se nos cuele la coletilla. Va rápido: ¿qué es lo que …? . Se dice en un suspiro. Sus parientes tampoco son infrecuentes: cuál es la que …, cuál es el que …, cuáles son los que …, cuáles son

las que …? Creo que esta manera de alargar el principio de una pregunta da tiempo a pensar el resto. Quizá por eso se ha extendido tanto. A mí me parece muy poco elegante y evito usarlo.

Sin sobra ni falta

Martes, Marzo 25th, 2008

La definición de la Real Academia de la locución adverbial “en punto” dice así: “sin sobra ni falta”

Usamos “en punto” al decir la hora, cuando a la hora no le falta ni le sobra un sólo minuto de sus sesenta. También en la cocina hay puntos. Un plato conseguido está en su punto.

Yo quiero usar esta expresión para medir el lenguaje. Pero, ¿cómo medir la perfección de una buena frase cuando no hay minutos que contar ni carne que probar? Sólo hay que aplicar la definición: a una frase “en punto” no le falta ni sobra nada. Difícil tarea.

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