
Decía mi profesora de Latín que las lenguas evolucionan víctimas de la pereza del hablante. La ley del
mínimo esfuerzo lo llamaba. Pero el hablante de castellano ha descubierto una manera de
ser aplicado y no perezoso. En Google he encontrado hoy 360.000 páginas con la cadena “qué es lo que”.
360.000 por 4 palabras es igual a 1.440.000 ¡Casi un millón y medio!. Escribir “que es lo que”, así sin acento ni signo de interrogación cuesta 13 pulsaciones, para los más aplicados 15 pulsaciones por la mayúscula y el acento. Se puede concluir que el hablante de castellano (o debería decir escribiente) no es perezoso en absoluto. Cinco pulsaciones hubieran bastado para escribir una sola palabra bien corta: Qué
Al hablar es más fácil que se nos cuele la coletilla. Va rápido: ¿qué es lo que …? . Se dice en un suspiro. Sus parientes tampoco son infrecuentes: cuál es la que …, cuál es el que …, cuáles son los que …, cuáles son
las que …? Creo que esta manera de alargar el principio de una pregunta da tiempo a pensar el resto. Quizá por eso se ha extendido tanto. A mí me parece muy poco elegante y evito usarlo.