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Posts Tagged ‘tratamientos’

Estimada señorita Ávila

Lunes, Junio 8th, 2009

Muy apreciada señorita Ávila, digo, señora Ávila:


Soy un joven profesional, enamorado y a punto de casarme. Tengo ante mí 200 invitaciones pero no sé qué tratamiento usar para los invitados.  A veces no sé el nombre ni los apellidos de las parejas de mis invitados. Ayúdeme.

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Se despide,

Un novio desesperado

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Estimado novio desesperado:


No pierdas la cabeza por esos 200 sobres y piensa en la vida feliz que te espera con tu enamorada. Aquí tienes un par de ejemplos correctos. Empezarás esta nueva vida sin herir a nadie por razón de edad, sexo, o estado civil.


Atentamente,

Victoria Ávila


PS: como me vuelvas a llamar señorita no te contesto.

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¿Cómo invito a mi tíos y a sus hijos? Familia Pérez García, usando el apellido que la pareja ha dado a sus hijos.

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¿Cómo invito a mi tía y a su marido? Sra Pérez Gómez y Sr García González

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¿Cómo invito a mi tío y a su nueva compañera sentimental? Sr Pérez Gómez y Sra Gónzalez García

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¿Cómo invito a mi amigo Juan y a su novia? Sr Gónzalez Pérez y Sra García Gómez o si se quiere usar un tono informal Juan González y Juana García

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¿Qué hago cuando no sé el nombre de la novia de Juan?

- Oye, Juan,  ¿cómo se llamaba tu novia de apellido? No me acuerdo y no quiero hacerle un feo en el sobre de la invitación.

- Se llama Feo.

- Oh.

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¿Cuándo se usa don y doña? Don y doña se utilizan cuando además de los apellidos se escribe el nombre: Sra Dña Juana Hernández.

¿Corrección o tontería?

Lunes, Junio 8th, 2009

En este mundo de corrección política me pregunto con frecuencia hasta dónde llega la corrección y dónde empieza la tontería.

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Un amigo cubano, por ejemplo, llama a su hijo cariñosamente negro.  Vamos, negro, que está mamá esperando. El niño es más marroncillo que negro, pero la expresión suena bonita con ese tono dulce de los cubanos. Tontería sería que le dijera: Vamos, niño de color, que … o vamos, afromericanito, que…

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A veces me llaman por teléfono y preguntan si soy la señora Martens. Digo que sí, aunque no lo soy. No le voy a contar a todo el que llame que en el sistema español de apellidos tu nombre es tu nombre desde la cuna hasta la sepultura. Tampoco le interesará saber que las mujeres españolas no necesitan luchar por mantener su apellido como nuestras hermanas europeas. Sería una tontería.

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Hace un tiempo me invitó un sobrino a su boda.  En el sobre ponía Don M. Martens y señora. Dos jóvenes profesionales independientes y modernos, cada uno con dos apellidos, se casan y llaman a su tía señora, así, como coletilla. Claro está que no hay mala intención. ¿¡Pero dónde está la conciencia feminista de esta generación, Dios mío!?, ¿debo llamar a la novia, brillante opositora,  a partir de ahora señora de X? Esto sí me parece incorrección.

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Dentro de poco se casa otro sobrino y parece que ha tenido muchas dudas sobre las invitaciones. Menos mal, por lo menos se plantea el problema. Como tengo muchos sobrinos casaderos, voy a dedicarles la siguiente entrada de mi blog y sugerirles un par de fórmulas.

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